Barcelona, la ciudad donde las pantallas ya no nos dejan pensar

La tecnología, y tantas pantallas digitales, nos prometió libertad, pero parece que nos ha dado notificaciones. Agobio constante, ansiedad, aburrimiento de ella.

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Barcelona: la ciudad que se llenó de pantallas

Barcelona siempre ha sido una ciudad vibrante, creativa, mediterránea, humana. Pero en los últimos años, algo ha cambiado: la ciudad se ha llenado de pantallas. Pantallas en el metro, en las marquesinas, en los comercios, en los aeropuertos, en los bares, en los taxis, en los estadios, en conciertos,e n festivales, en los escaparates, en los móviles, en los relojes, en los ordenadores, en los parkings, dentro de centros comerciales, en los supermercados, en los kioskos… y en nuestra cabeza.

La tecnología nos prometió libertad, pero parece que nos ha dado notificaciones. Agobio constante, ansiedad, aburrimiento de ella.

Y detrás de todo, el negocio de las multinacionales. Poco podremos hacer. Nosotros ponemos el sitio…ya saben como sigue la frase.

La escena que se perdió

La imagen de una familia caminando por las calles, paseando y disfrutando de Barcelona —por ejemplo, por Passeig de Gràcia— se ha acabado. Los anuncios digitales gritan “¡Compra ahora!”, “¡Últimas unidades!”, “¡Oferta limitada!” y siempre de grandes marcas. El pequeño anunciante ya no tiene cabida en esta ciudad, o eso están consiguiendo. Se apoderan de cada rincón mientras los grandes fondos y multinacionales se hacen con el negocio, dejando a los de toda la vida —los de aquí, los autónomos, los comercios de barrio— cerrando día a día.

Pasa con los pequeños conciertos convertidos en megafestivales. Pasa con las panaderías de toda la vida. Pasa con las tiendas de ropa y complementos arrolladas por las multinacionales online. Ya sabemos los nombres. Y estos pesan más que “Lluís”, que “la Paqui”, que cualquiera de nosotros. Qué penita. Es “la vida moderna”. La que eligieron los que pueden decidir. Concesión por aquí, concesión por allá, ampliación de deuda pública… y la fiesta que la pague el siguiente que venga.

Mientras las multinacionales ganando cantidades ingentes de dinero; los autónomos ven las deudas amontonarse. Sonríen (tristemente) a las propuestas de «la paguita»; agotados de una lucha de David contra Goliath en la que además el arbitro es, claramente y hasta que se demuestre lo contrario; muy amigo de Goliath.

La saturación cotidiana

Mientras tanto, en la mano, el móvil vibra con un aviso de una app que nunca pedimos. En la muñeca, el smartwatch insiste en que hoy hemos hecho menos pasos que ayer. En la mochila, el portátil muestra tres banners que se abren solos. Y en la marquesina del bus, un LED gigante anuncia un perfume que jamás oleremos —porque cada frasco cuesta lo que ya no podemos pagar. Mercadona tiene opciones más baratas. “Qué alivio”.

La ironía global

La ironía es que Barcelona nunca quiso ser Times Square. Pero da la sensación de que se están cargando cada vez más la ciudad. La que nos gusta a nosotros en Vamos.Barcelona, por lo menos.

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