Se apagan columnas que daban vida a la ciudad, donde la cultura de barrio encontraba su lugar para existir. ADIOS a la ciudad que FUIMOS
Barcelona está retirando, silenciosamente, algunas de sus históricas columnas de expresión libre, también conocidas como pirulos publicitarios. Para muchos, son solo estructuras donde se pegan carteles. Para quienes conocemos la ciudad, su historia y su cultura, son mucho más. NOTA: sé que les hubiera podido hacer un vídeo, mucho más viral y rápido. Pero confío en que queda mucha gente que le encanta leer, y releer ciertas frases. Pensar con calma. A ellos me dirijo…Y recuerde que puede comentar aquí (ver 8 comentarios)
Y empezamos afilados con un dato. Un dato que, más que una simple observación, actúa como premisa de todo lo que viene en este artículo, que les avanzo es largo y espero que detallado. Le invito a pensar, y a empatizar, aunque piense que este tema de «los pirulís, la publicidad, y los anuncios» no le afecta. Me atrevo a afirmar que sí le afecta, y que nos afecta a todos, si separa el marco de la esencia…Le explico:

Los pirulís son más que columnas para pegar carteles. Son uno de los pocos espacios de libre expresión ciudadana que quedan en Barcelona. Allí cualquiera, o sea Usted, yo, su vecina, el portero, el frutero, el autónomo embargado, los colegas de sus hijos o el club de amigas solteras, que también las PYMES, el jubilado, el parado o un jugador de futbol, o sea cualquiera, puede anunciar “vendo mi piso”, “busco mujer de limpieza”, «cambio cromo de Maradona por 2 pizzas del Mercadona», «Se alquila habitación para estudiante», «Perro/gato/canario o mascota perdido» o “necesito canguro para este fin de semana”. O lo que quiera. Se sobreentiende que debe ser algo legal. Y puede hacerlo sin pedir permiso, sin necesidad pagar y sin depender de nadie.
Esto deriva del Artículo 20 de la Constitución (libertad de expresión y difusión), Ley de Bases de Régimen Local (participación ciudadana) y Ordenanzas municipales de comunicación pública. La Conclusión legal es que La ciudad no puede eliminar todos los soportes accesibles sin ofrecer alternativas equivalentes. Si desaparecen los pirulís, debe existir otro soporte público accesible que cumpla la misma función.
Como profesional del sector de la cartelería exterior tradicional, este análisis nace de la preocupación por la pérdida de espacios históricos de expresión libre. Defiendo la convivencia de todos los formatos urbanos y la supervivencia de un ecosistema local del que dependen tanto los pequeños anunciantes —autónomos, pequeñas productoras, artistas emergentes, compañías teatrales, salas de conciertos locales y comercios de barrio— como los profesionales e industrias auxiliares que les damos servicio: pequeñas agencias de diseño, estudios creativos, imprentas locales, talleres de reprografía y empresas familiares de pegado de carteles y distribución urbana, cuyo sustento e impacto económico directo se ven amenazados por la desaparición de estos soportes públicos.
Si desaparecen los pirulís y no se habilita un soporte equivalente la ciudad pierde su espacio de libre expresión, los ciudadanos pierden su derecho práctico a comunicar, los pequeños anuncios desaparecen del paisaje urbano, la comunicación pública queda privatizada, la expresión ciudadana queda reducida a redes sociales, la calle deja de ser un espacio democrático, y la visibilidad se convierte en un privilegio de quien puede pagar
Es decir, cualquiera tiene derecho a poder anunciarse en la calle, y en un espacio público, sea con un pequeño anuncio como también puede realizar una campaña en diferentes lugares. En diferentes pirulos. Cualquiera. Y puede hacerselo todo él (gratis por tanto, con el coste inevitable del tiempo requerido) o contratar a una empresa de servicios para que se lo haga. En ese caso, sigue cubriéndose su derecho a comunicar en un espacio público sin necesidad de pagar…pero con ayuda. Esta ayuda puede ser gratuita (por ejemplo de los miembros de una ONG, Asociación, Club, Vecinos, Simpatizantes, Colegas…) o de pago prestados por una empresa de servicios. Hasta que su presupuesto le llegue. Por ejemplo una campaña de 95€ o una campaña completa de impresión y pegada de 400 carteles por 150€. Eso existe.
Esas necesidads existen. Ese derecho a comunicar en espacios públicos existe. Ese tipo anunciantes, que no pueden invertir más: existen. Esos trabajos de empresas de servicios también existen. Y son gente que solo desea mantener su negocio a flote con algo de publicidad. O proyectar una idea. O cubrir un servicio y necesidad. O que quiere exponer sus obras de pintura, hacer una llamada urbana a la acción, o lo que sea: tiene derecho. Siempre que sea algo legal; obviamente.
¿Serviría dejar unos pocos pirulis para cumplir la Legalidad?. Entiendo que si, aunque con matices ya que un pequeño anunciante local, un autónomo por ejemplo, no tendrá buenos resultados si no se le ofrece lo que una campaña de publicidad requiere por definición : repetición de anuncios para captar la atención, el interés, crear deseo y llevar al consumidor a la acción. Sin eso, es decir sin varios pirulos en una misma zona que permitan comunicar de forma efectiva, el derecho quizás si queda cubierto (ya que se permite anunciarse), pero es llevarlo al abismo (por no decir a la tomadura de pelo, que también) ya que su inversión -aunque solo sea de tiempo- será ineficaz. Es como recomendar que limpiarse los dientes evita las caries, pero no matizar que ha de ser a cada comida y no una vez por semana.
Eliminar los pirulís sin ofrecer sustitutos no es modernizar Barcelona: es silenciar a quienes no pueden pagar por anunciarse en otros soportes. Es mandar gente al paro que podría estar trabajando para cubrir la necesidad, especialmente de PYMES y autónomos!
El mapa creado por Col-lectiu Pirulís en su momento, que incluye muchos de los que ya se han eliminado actualmente, dejando me lleva a pensar si es que en algunas zonas de la ciudad, y por qué, tienen más derechos de expresar su derecho a anunciarse gratuitamente https://www.google.com/maps/d/viewer?mid=1eQdGYHD0y4rc5FoSyzpiJ0OY0PEBUzib&ll=41.38890421523894%2C2.191500148096943&z=13 ya que son desproporcionales sus ubicaciones ¿no debería ser el mismo para todos?:
Los pirulís publicitaris son memoria, identidad y arte urbano: Las columnas de expresión libre —los pirulos publicitarios, o pilones en catalán— llevan más de 60 años formando parte del paisaje urbano de Barcelona. Algunos dicen que incluso más de 100 años…es lo de menos. No son nuevos, no son improvisados, no son un experimento: son una pieza consolidada de la identidad visual de la ciudad y de la libertad de expresión. De derecho a comunicarse. Tuvieron una explosión cultural post-Franco, recuperando el espacio público como lugar de expresión. Formaban parte del auge de los teatros, salas de conciertos y asociaciones vecinales y la necesidad de ordenar la comunicación en una ciudad que empezaba a modernizarse. Barcelona se estaba preparando para convertirse en la capital cultural que sería en los 80 y 90. Y las columnas fueron una herramienta clave para ello.

Barcelona pierde sus columnas de expresión libre: un adiós que duele a la cultura, al barrio y a la ciudad que fuimos

Cuando desaparece algo más que un cilindro de metal
Si esto fuera una conversación entre amigos, este sería el momento en el que alguien soltaría el típico “todo cambia” o “las cosas se modernizan”. Y sí, es cierto: la rueda se modernizó hacia el 2000 a. C., y durante la Revolución Industrial la máquina de vapor revolucionó la energía mientras el ferrocarril transformaba el transporte. Los sistemas antiguos fueron sustituidos por otros nuevos porque, sencillamente, los nuevos funcionaban mejor que los viejos.
Hoy, pese a la omnipresente —y a veces agobiante— presencia de pantallas en cada minuto del día (ordenadores, móviles, tablets, televisores, paneles LED…), han irrumpido con fuerza las vallas digitales, una evolución del clásico pirulo: mismo concepto, pero en versión digital y con vídeos en lugar de imágenes estáticas.
La comunicación en la calle sigue apoyándose en soportes tradicionales donde colocar publicidad, más exactamente carteles en formato papel como mupis, marquesinas, laterales de comercios en pequeño formato, vallas y formatos gigantes. Recordemos que es multable cualquier acción fuera del circuito legislado.
Son espacios que continúan existiendo, pero los costes elevados de por ejemplo una marquesina o un mupi, o un cartel que luzca en un kiosko, los hacen inaccesibles para el comercio local y los pequeños anunciantes. Y ahí aparece, nuevamente, la razón de ser del pirulo tradicional que deberían ya no mantenerse, sino aumentarse.
Volviendo a esa hipotética conversación entre amigos, podríamos llegar a la conclusión de que los pirulos tienen costes de mantenimiento altos. Es cierto: las capas de carteles pegados uno sobre otro exigen limpieza y cuidado. Hay un coste. Más adelante hablaré de ello, porque es un tema realmente interesante.
Pero mi respuesta no puede ser otra: hay mil cosas que cambiar antes que estas simpáticas torres publicitarias. Seguro que se les ocurren decenas de asuntos que necesitan más atención política que retirar unos soportes que, además, demuestran una preocupante falta de empatía hacia las muchas personas que dependen de ellos. Personas con familia, hijos, hipotecas y gastos que afrontar cada mes. Y todo esto sin mencionar el daño cultural y artístico al modelo “Barcelona is different” que tanto se presume.
¿Estoy en contra de las pantallas digitales? ¿O de los formatos de exclusividad masiva?
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- Democratiza el acceso: Cualquiera en un pueblo de alta montaña tiene las mismas tallas y precios que en el Paseo de Gracia.
- Inclusión real: Facilita la vida a personas con movilidad reducida o ancianos.
- Optimiza el tiempo: Elimina colas, probadores y la búsqueda de aparcamiento.
- Libera suelo urbano: Almacena en la periferia y vacía los centros urbanos de camiones de stock.
- Empodera al consumidor: Permite comparar precios y opiniones en segundos, reduciendo la compra por impulso.
Entonces, si defendemos esta convivencia lógica en el comercio, ¿por qué no permitir que ambos formatos publicitarios cohabiten de forma proporcional en nuestras calles?
- Creativos y diseñadores que idean las campañas.
- Impresores e imprentas que dan vida al papel.
- Mensajeros y empresas de distribución que transportan los carteles (en moto o furgoneta).
- Pegadores y operarios que trabajan día a día en la calle.
- Fabricantes de materiales auxiliares, como la cola sintética o las escobas de colocación.
- Proveedores servicios telefóncos: necesarios para comunicarse entre todas las partes, realizar fotografías,…
- Personal que informa al cliente de la evolución de sus campañas de comunicación (dpo. de Cuentas)
- Personal de mantenimiento y limpieza que cuida los soportes.
- Intermediarios y agencias locales que gestionan las acciones.
Ahí es nada. Eso es mucha gente. Mucho IRPF. Mucho dinero para pensiones. Mucho trabajo que sostiene la estabilidad social. Que hace girar la rueda de la economía. Que en definitiva: afecta a todos.
A ello súmenle, a esta sangría de autónomos y no creo que deba de detallar a qué e refiero, el efecto cultural que pierde una ciudad como Barcelona es enorme. Lo veremos a continuación: no son solo palabras bonitas.
¿Que quieren poner pantallas digitales? ¡¡¡Pónganlas!!!
HAY ESPACIO PARA TODO
La retirada de los pirulís coincide, curiosamente, con la colocación de las nuevas pantallas digitales. Pero lo más llamativo no es solo la coincidencia temporal: es que no están colocando las pantallas exactamente donde estaban los pirulís, sino unos metros más allá. ¿Casualidad? ¿O un intento de que “no se note” demasiado que un soporte accesible, democrático y barato desaparece justo cuando aparece otro que es caro, exclusivo y controlado por una sola empresa?
Porque aquí está la clave: los pirulís y las pantallas digitales no compiten por el mismo anunciante. No juegan en la misma liga. No tienen el mismo coste, ni el mismo público, ni la misma función.
Los pirulís son el soporte del comercio local, de los pequeños anunciantes, de la cultura de barrio, de los conciertos, del teatro, de los autónomos, de las asociaciones, de los festivales alternativos, exposiciones, museos, ferias o negocios montados po autónomos que para hace una campaña las pasan canutas. Son accesibles, baratos y permiten que cualquiera pueda comunicar algo en la ciudad.
Las pantallas digitales, en cambio, son territorio exclusivo de grandes marcas, grandes presupuestos y grandes contratos. No hay autónomo, pequeño comercio o artista independiente que pueda pagar una campaña en una pantalla LED gestionada por una multinacional.
Entonces, si no compiten entre sí, si no se estorban, si no se dirigen al mismo tipo de anunciante, ¿por qué eliminar uno para poner el otro?
¿Por qué no mantener ambos soportes?
¿Por qué no permitir que la ciudad tenga publicidad accesible y publicidad premium al mismo tiempo?
¿Por qué dejar sin trabajo o con mucha menos facturación y pasándolo mal a tantas personas que dependen del pirulí —pegadores, mensajeros, impresores, diseñadores, repartidores, fabricantes de cola, autónomos del sector— cuando las pantallas digitales no sustituyen su función ni su mercado?
¿Por qué obligar a reestructurar negocios enteros, a recortar plantillas, a despedir gente, a dejar a familias sin ingresos… cuando no hay ninguna necesidad técnica ni comercial de eliminar los pirulís?
La pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿Se retiran algunos pirulís porque “molestan”, uno tras otro, o porque su existencia deja en entredicho que la publicidad en la ciudad puede estar (casi) monopolizada por grandes empresas? O ¿hay algo que nos estamos perdiendo y que no nos cuentan?…sigan conmigo que les hablaré de «la sombra (oscura, o no)» del negocio digital».
Ningún partido político con representación mayoritaria plantó cara de forma efectiva ni votó en contra para blindar estos soportes históricos como patrimonio democrático y de libre expresión
Ante todo quiero dejar claro que este texto no pretende, en absoluto, convertirse en una recomendación política (me costaría, dicho sea de paso), ni tener ninguna vinculación partidista. Cero. Lo que sí hay aquí es un punto de vista muy sencillo: el del “aquí comemos todos”, y la sensación de que el coste global —técnico, económico, legal, de sostenibilidad, etc.— es, a mi entender, algo directamente brutal. Más adelante lo desarrollaré en el apartado “Los costes económicos de los pirulos”, pero les avanzo dos cifras que ayudan a entender la magnitud del asunto: el coste anual de mantener estos soportes ronda los 100.000 €, y el impacto económico de que apenas 50 personas pierdan su trabajo por su vinculación profesional con los pirulís se acerca al millón de euros al año!!!
Eso sin contar la pérdida de inversión recibida directamente en Barcelona Por poner solo un ejemplo de inversión recibida: no es lo mismo que una productora musical -local o foranea- (o una compañía de teatro, ouna productora artística humilde, o…hay mil ejemplos) se gaste 200-300 € en hacer publicidad en Barcelona para la promoción de un artista emergente -o el mismo artista que aun no tiene más que sueños y poco que invertir-.
Esta empresa pagará un dinero a una empresa de servicios de Barcelona, y a sus empleados que viven en Barcelona. Invertirá un dinero por crear y diseñar su cartel desde Barcelona (empresa de diseño o publicidad = local). También por imprimir los carteles en Barcelona (imprenta = local) y, finalmente por colocar los carteles de su promo con una empresa de servicios de Barcelona (= local, nuevamente) ¿Bien, no? El anunciante tiene necesidad (de comunicar), el público» recibe propuestas culturales, varios profesionales ganan por hacer un trabajo legal, digno estable.
Ahora díganme ¿dónde hará por 100, 200 € un artista su publicidad?, o incluso GRATIS como debiera de poder por Ley…
…pocas más opciones tiene que dirigir sus esfuerzos a una red social, por ejemplo como Instagram, que todos sabemos que ni están Barcelona, ni en Sabadell, ni en Mataró. Ojo!, esta no es ninguna crítica a Instagram, red social más que recomendada por mi parte como complemento de campañas de comunicación global. Pero ya me entienden: la eliminación del pirulo genera pobreza a Barcelona ya que el dinero no llega. Tal cual.

ABSTENCIONES: PP y VOX. optaron por no bloquear la medida pero tampoco apoyarla de forma directa, permitiendo con su abstención que los votos a favor ejecutaran el plan sin oposición real.
No puedo asegurar si Barcelona en Comú (los Comuns) fueron la única formación que votó en contra, denunciando precisamente que la medida dejaba al tejido asociativo y a la cultura de barrio sin sus históricos «tablón de anuncios» gratuitos para entregárselos a multinacionales. Dejen este dato en stand by hasta que localice el texto exacto con el «marcador de votos» que parece estar sepultado bajo el ruido de la actualidad municipal. Hay hilos y plataformas activas, que supongo que algún debate en foros, que han radiografiado los posicionamientos de los partidos. Más desde la perspectiva de la privatización, la dominación, los efectos de las multinacionales casi monopolístcas. Estos análisistas especializados en economía, además, lo harán mucho mejor que yo; por lo que ya solo me limitaré a luchar por una recuperación de los pirulos perdidos, e incluso a suma de más en las zonas en las que hay desproporción.
Por cada uno que pongan generan derecho y dinero, trabajo y propsperidad. Por cada uno que quiten; todo lo contrario. Aquí cada cual que lo vea como quiera, claro está; pero vergüenza me daría llamarme «político» y elegir la segunda opción.
¿Son necesarias estas «nuevas pantalla publicitarias?
(o cientos de ellas…las van a tener «hasta en la sopa» que se dice) que ya irrumpen en la ciudad y que modernizan Barcelona más hacia un aspecto Blade Runner que hacia el artísitico que muchos llevamos dentro?, ¿Es necesario sumar nuevas pantallas a momentos que en la calle dedicamos a pasear relajadamente, a conducir (supuestamente concentrados por la responsabilidad que ello implica) etc. ?…pues bueno, es lo que hay, forma parte del progreso y la evolución pero…
¿Modernidad o exclusividad? La retirada de las 100 columnas
Si actualmente nadie mostrara interés en los pirulos, si nadie se anunciara o los utilizara, si a nadie diera trabajo y mucho motivos más que que veremos a continuación, pues ok (retirenlos), pero no es el caso. Es todo lo contrario…y desde otras ciudades me preguntan cada día ¿Pero estáis tontos o qué? Ojalá aquí estuviera tan bien organizado, y tuviéramos estos soportes. Es decir, nos envidian y respetan. Hablamos de ciudades como Madrid, Valencia, Sevilla, Alicante….y no es que en estas ciudades no se pongan carteles. Vean más abajo unas fotografías y juzquen Ustedes mismos porqué somos/eramos ejemplos de organziación y democratización.
Hasta en New York, Nueva York castellano traducido, la ciudad de las pantallas LED gigantes y del multiespectaculo publicitario permiten poner carteles en las calles, pegarlos, hacer acciones culturales a todos, wildposting creativos…epro sin el orden que nuestros pirulos ofrecen.
| Los costes de los pirulis publicitarios |
El mantenimiento y la limpieza de estas columnas de expresión libre suponen un coste estimado de unos 100.000 euros anuales. Una partida que no debe verse como un gasto inútil, sino como una inversión directa en empleo local que sostiene las nóminas de operarios, técnicos y personal de mantenimiento de la empresa adjudicataria. Dinero público que retorna directamente al bolsillo de los trabajadores, y engrasa de nuevo el circuito económico. En Cataluña se gestionan a diario decenas de licitaciones y contratos públicos similares para servicios esenciales de todo tipo. Cancelar estos soportes bajo la bandera del ahorro no ahorra nada; simplemente destruye puestos de trabajo y actividad económica en nuestros barrios.

Pido ayuda a la IA para documentar mi opinión y comparar el coste anual de limpieza de estas colunas de libre expresión con, por ejemplo, lo que cuesta el servicio de Bicing al año. Ya saben, el servicio de biciletas urbanas. Su respuesta es rotunda: «esto te va a servir muchísimo para tu artículo: comparar el coste de mantener los pirulos con el coste del Bicing deja en evidencia lo absurdo de retirar columnas por “coste”. Añade «el entrevistado» (Microsoft Copilot) que me hecha una mano con datos técnicos .
Resulta que el Coste del Bicing en Barcelona, según documentación oficial citada en prensa y análisis institucionales, el contrato de concesión del Bicing alcanzó 9,54 millones de euros en 2009 . Hoy el sistema es más grande (más bicicletas, más estaciones, más mantenimiento), así que el coste actual debe ser (muy) superior, pero la cifra oficial más sólida y pública es: ≈ 9,5 millones de euros al año (coste mínimo documentado del servicio Bicing). El Ayuntamiento asume cada año un déficit estructural del servicio que, curiosamente, no se considera “pérdida” en términos contables: es inversión pública en movilidad sostenible. No existe una cifra clara, y en 2019 se hablaba de un deficit anual de unos 12 millones de € https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/20190913/el-ayuntamiento-el-bicing-ofensiva-patinete-electrico/428957126_0.html
Por tanto, el Bicing cuesta entre 100 y 120 veces más que mantener todas las columnas de expresión libre de Barcelona. Y lo que ellas generan: trabajo, estabilidad, inversión local, nacional y extranjera, identidad Barcelona artística y negocio.
¿Quiere decir esto que el servicio de Bicing deba desaparecer?. Para nada, no me refiero a eso. Pero vean la diferencia abismal del coste de un servicio y de otro; y cuál requiere mayores esfuerzos y cambios.
Echen números…y un poquito de corazón y empatía por la gente que trabaja en el sector -altamente relacionado con los eventos y espectáculos ; y quizás podamos recuperar aquella frase que dice que «de sabios es rectificar«.
Y aunque no le hechen corazón, los números son los números. Me explico…
100.000 € al año de costes de limpieza/mantenimiento (que dejarán de cobrar los trabajadores pertinentes, desconozco si son 1, 2, 3, o 40). Para algunos será mucho; para otros, pura peccata minuta, que se dice em italiano.
Pero si miramos el impacto real, el supuesto “ahorro” se convierte en un agujero económico por definición. Un trabajador del sector que cobra 1.500 € brutos al mes genera cada mes 465 € en cotizaciones a la Seguridad Social y 120 € en IRPF que la empresa ingresa trimestralmente mediante el modelo 111.
En total, el Estado recibe 7.020 € al año por cada trabajador.
Si por eliminar los pirulis desaparecen solo 5 trabajadores, el sistema pierde 35.100 € al año.
Pero seamos realistas: no serán 5. Si tiramos muy a la baja y hablamos de 50 personas, el impacto asciende a 351.000 € al año en ingresos públicos perdidos.
Resultado: por “ahorrar” 100.000 €, generas un agujero de 351.000 € solo en ingresos directos del Estado. Y eso sin contar el paro que abonará el estado (Primeros 6 meses: 70 % de la base reguladora y a partir del mes 7: 60 %La base reguladora es, simplificando, el salario bruto mensual). Esto es aproximadamente 11.700 € de paro por ese trabajador en un año. Retomado el ejemplo de 5 son 58.500 €, que sumados a los 35.000 € nos suman ya más de los 100.000 » de la limpieza».
Si hablamos de 50 personas, cifra muy a la baja de lo que puede pasar, estamos hablando de 351.000 €/año en ingresos públicos perdidos + 585.000 €/año de pago del paro. No hace falta que saquen la calculadora son 936.000 €/año + el coste de retirada de los pirulos; que tampoco sale gratis.
Súmenle los subsidios, caída del consumo y el efecto dominó económico.
Mal negocio ¿no?. ¿Ningún político pensó en esto?

Se retiran unos 100 pirulos en Barcelona en las últimas semanas :-(
Estas últimas semanas se han retirado unos 100, lo que pone en el abismo a cientos de profesionales. Innecesariamente. Ni el tema del «espacio», ni el del «coste», como vimos anteriormente, y mucho menos el de «comodidad» pueden ser la excusa de esta retirada ya que un concierto, una sesión de discoteca, un lanzamiento musical, una obra de teatro, un museo, una exposición (y muchas cosas más) se anucian con un cartel. Con una imagen. Con un guiño sugerente al arte, al diseño , a la creatividad y, vamos a ponernos poéticos: «con un guño a Barcelona».

Y las pantallas hiperespectaculares con costes desorbitados -recuerden que cuesta por ejemplo una hora de internet , o qué cuesta una búsqueda de IA segú el maestro Gustavo Entrala que pueden guiarnos a calcular sus costes de base, pueden perfectamente «vivir» junto a los pirulos…más puestos de trabajo! OK! Más posibilidades de comunicación! OK!…aunque se requerirá más responsabilidad en la conducción ya que a altas horas siguen iluminados. Veremos que pasa con eso. Me refiero a las distracciones de conducción; por no decir : PELIGRO
¿Estoy en contra de estas pantallas?. Para nada. Siempre y cuando no se presenten como la nueva alternativa, ya que no lo son para el «típico anunciante de pirulo», mas local y artístico. ¿Que algunas veces vemos grandes marcas en ellos?. Si, pero precisamente quieren eso. El efecto papel. El efecto salvaje, la calle, street marketing y guerrillero para aciones puntuales que, muchas veces acaban siendo solo un soporte puntual para hacer grabaciones con influencer, colocando ellos los carteles con la escoba y habándole al público de las redes sociales.
Y esas inversiones adiós muy buenas.
Para anuncios en vídeo estas marcas ya se anuncian por la televisión y, de una u otra forma, no son soportes que cubran las necesidades del pequeño comercio. Y mucho menos son un punto de libre expresión.
Los pirulos, por contra, permiten libre expresión: carteles políticos, sociales, culturales, vecinales, privados (del tipo busco/ofrezco/vendo) y/o comerciales. Todo el mundo tiene acceso.
Y no lo olviden, cualquier pantalla digital no funciona con magia: Consumen electricidad 24/7, oea que el gasto es constante, Requieren mantenimiento técnico especializado, tienen averías frecuentes por humedad, vandalismo o sobrecalentamiento, instalar una marquesina digital puede costar decenas de miles de euros, si se va la luz, si se estropea el software:la marquesina queda inútil. Las pantallas LED, baterías, circuitos, ventiladores, sensores… Todo eso se fabrica con: Litio, Plásticos, Metales raros, Procesos industriales contaminantes. Un pirulo y los carteles = papel (reciclable) + cola. Mucho más sostenible. Pero mucho más.
Además sus costes son inaccesibles para el comercio local ya que los precios son altos y pensados para grandes marcas. Imposibles para pequeños negocios.
Más responsabilidad en la conducción. Veremos; por no decir PELIGRO
Una pantalla digital deslumbra, puede molestar, genera distracción al conducir, rompe la estética de barrios históricos, son intrusivas. Un pirulo es discreto, integrado, urbano.
Estas pantallas que no casan mucho con una conducción ordenada, o con los (habituales) despistes temporales que pueden provocar muchos accidentes (al tiempo…)…pueden cohabitar en nuestro día a día con estos simpáticos totems. Sin quitar ningún pirulo. Sin dejar a cientos de personas en la calle o con problemas; por motivos aún pòr ver. Prefiero no citar los partidos políticos que votaron a favor y se abstuvieron a la propuesta de retirar 100 pirulos en 2026; mientras que en 2022 se jactaban de «El Arte del cartel en Barcelona» https://ajuntament.barcelona.cat/arxiumunicipal/arxiuhistoric/es/noticies/inauguracion-exposicion-el-arte-del-cartel-en-barcelona-1235072intentando conectar con el sector creativo, artístico y demás.
Como diria Toni Moog «¿Qué ha pasaaaaaaaaaao?…solo han pasado 4 años.
“Barcelona mantiene un sistema como el Bicing por más de nueve millones de euros al año, pero retira columnas de expresión libre cuyo coste de limpieza no llega ni al 2% de esa cifra. No es un problema económico: es una decisión política y comercial.”
“Eliminar pirulos para ‘ahorrar’ es un argumento insostenible: mantenerlos cuesta menos que una rotonda, menos que una campaña de publicidad municipal, menos que un mes de Bicing.”
Esto lo dice la IA y posiblemente estés de acuerdo con ello.
Pero volvamos al tema de los pirulos, cuyo nombre correcto es «espacios de libre expresión» o «columnas de libre expresión», algo que si la matemática no falla y pensamos un poco, se recorta con la eliminación de cada uno de ellos.
Consolidación de las columnas de libre expresion: los años 80 y 90
Durante las décadas de los 80 y 90, del siglo XX claro, se instalaron en barrios con fuerte vida cultural. Se convirtieron en puntos de referencia para vecinos y visitantes. Eran el “tablón de anuncios” de la ciudad y se usaban para fiestas mayores, teatro, cine, conciertos, talleres, cursos, actividades municipales. Se renovaban constantemente, creando un archivo visual vivo. Como siempre ha sido, y eso aunque pueda parecer mal (gran rotación de anuncios), es lo que hace rodar (y mucho) la economía generada por la pegada de carteles; elemento clásico publicitario que se coloca en cada uno de estos pirulos.
Eso genera trabajo, movimiento económico…lo que les decía antes: un modelo rentable ya que aunque con un coste de mantenimiento, genera movimiento de cash, genera trabajo, estabilidad, mejora la identidad de la marca Barcelona con una imagen diferente, ordenada y comprometida identidad de la marca, y que a su vez recibe inversión. ¿Que todo es mejorable?. Pues si, seguro. Pero eso no pasa por su eliminación. Es mi parecer (¿Y el tuyo?)
Ni que decir que todos, o la gran mayoría, de los partidos políticos hacen año, tras año, tras año, campañas de este tipo. Bueno, en elecciones ni te cuento. Es decir campañas con carteles de cola que se pegan estos pirulos…incluso montan en las farolas una mierda de espacios, porque es lo que son, con tres tablas a cada lado de las farolas unidas «de forma segura» por bridas para que en sitios, muchas veces, complicadísimos vayamos las empresas del sector a colocar sus carteles de propaganda. ¿Entonces si interesa?….la pregunta se responde sola. ¿Quitan ahora pirulos «ordenados» y nos montarán de nuevo el show en las farolas cuando interesen los votos?
Sigamos…
en los 90, con la Barcelona olímpica, se estandarizó su diseño: cilíndrico, robusto, fácil de mantener, pensado para soportar cientos de carteles. Cientos si, si. O sea, anunciantes hay, inversión hay, rentabilidad hay ¿Cuál es el problema?
Supervivencia en la era digital (2000–2025)

Mientras todo se digitaliza, los pirulos resistieron porque siguen siendo útiles, siguen siendo baratos, siguen siendo democráticos, siguen siendo parte del barrio, y siguen siendo cultura accesible. Muchos vecinos los siguen consultando como quien mira un periódico mural. Son un recordatorio de que la ciudad no vive solo en pantallas.
Hoy, eso no ha cambiado. Hoy, con más de seis décadas de historia: por eso digo que son memoria. Han visto cambiar la ciudad, han visto nacer y morir salas de conciertos, han visto miles de fiestas mayores, han visto generaciones de artistas emergentes, han visto cómo los barrios se transformaban, han visto cómo la cultura resistía crisis, modas y políticas….y han hecho ganar muchas elecciones. También perderlas, no voy a decir que no… y eso puede volver a pasar.
Son parte de la Barcelona que no se explica solo con tecnología, sino con calle, papel, pegamento, manos, creatividad y comunidad. Son cultura accesible. Son trabajo para cientos de personas. Son un sistema ordenado y limpio para comunicar. Son un espacio democrático donde cualquiera puede expresarse.
Recuerden además que el pàpel es reciclable. La energía gastada por los sistemas de internet y visuales no. El agua consumida para enfriar las altas temperaturas de las centrales de datos y generadoras de energía; tampoco. El coste es muchísimo superior. En dinero. Para la cultura ni te cuento.
Su retirada no es solo una decisión técnica: es un golpe emocional a la Barcelona que siempre presumió de ser una ciudad abierta, diversa y culturalmente viva.
Y ahora les hablaré de otras ciudades, y de que opinan desde ellas ya que, por mi trabajo, tengo datos más que fiables.
Pirulos publicitarios de Barcelona: Un patrimonio urbano que otras ciudades envidian
En la gran mayoría de ciudades de España, entre ellas por ejemplo Madrid, Valencia, Sevilla, los carteles se pegan en farolas, en paredes, en papeleras, en esquinas o en cualquier superficie disponible. Puede gustar más, puede gustar menos, y rozar una imagen del caos más absoluto para un visitante de Barcelona que esté acostumbrado al «orden» que se obtiene con el uso de los pirulos. El dato es que Barcelona creó un sistema ordenado, limpio y regulado: las columnas de expresión libre que se utilizan también para publicidad urbana.

Estas estructuras permiten campañas culturales y demás sin ensuciar la ciudad, información accesible sin depender de pantallas, comunicación tradicional, cercana, humana, un equilibrio entre lo digital y lo físico, un espacio para el pequeño anunciante que no puede pagar pantallas LED…y, quien no siga las normas de pegada de carteles y la utilización de los espacios que dicta la ordenanza municipal, https://ajuntament.barcelona.cat/seguretatiprevencio/sites/default/files/2023-10/trip-penjar-cartells.pdf como se dice coloquialmente «multa que te crió». Y me parece bien este orden que ahora parece que hay desordenar.
Y sí: muchas ciudades envidian este modelo. Porque funciona. Porque es democrático. Porque es bonito. Incluso me han dicho muchas veces desde empresas locales, nacionales e internacionales, cuyos nombres no puedo desveklar por ética yprivacidad, que invierten anualmente un importe para estar presentes en los pirulos publicitarios de Barcelona. Por lo menos 2 semanas. Y eso es dinero pàra todos. El gancho de la marca Barcelona más el arte de «la calle», lo transgresor, lo visual, algunos le llaman «salvaje» e impactante, rápido y emotivo conseguido con una sola imagen, con un cartel…es lo que diferencia su comunicación. Y nuevamente decirlo: eso es dinero. Eso es recepción de inversión directa o indirectamente positivo para todos. Si es que hay artistas que se gastan la pasta incluso para informar de que no quedan entradas disponibles para su concierto!!!.
¿Por qué retirarlas ahora? La sombra del negocio digital
La retirada de determinados pirulos elegidos a saber con qué criterios (¿Favorecer a alguien?, quizás…) , algunos de ellos míticos y de gran interés publicitario como el recientemente «secuestrado» de calle Aragón con 2 de Mayo, ha llegado ya a 100 unidades de las aproximadamente 400 que había hace tres meses. Cada una de ellas me supone pena e impotencia.
Esta retirada llega con la expansión de las pantallas digitales. ¿Será que no hay más sitio para ponerlas? Claramente eso no es así.
Llega con la privatización de espacios publicitarios. Con la presumible presión de grandes empresas de comunicación visual. Con la tendencia a eliminar lo “analógico”. Con la obsesión por la ciudad hiper-digitalizada…aunque puedan cohabitar (nuevamente y ahora en tono de exclamación !será por sitio!). Con contratos multimillonarios que bueno, se destinarán a Barcelona. Seguro además. A las perdidas de Bicing, quizás. A bajarnos los impuestos , jajajaja….Cada uno que piense lo que quiera..pero hay un problema: Las pantallas no sustituyen la función cultural, social y comunitaria de los pirulos. Y el derecho a anunciarse en vía pública sin coste para cualquiera.
Recuerden que en fachadas no se puede poner nada, los comercios no son vía pública sino espacios privados, y los plafones municipales tienen una llave y un cristal de protección. Las farolas, obviamente y a diferencia que en otras ciudades -lo cual aplaudo- generan multa por incivismo , como los mensajes colocados en espacios no habilitados tipo cajas de la luz, semaforos, etc. pero si es posible en pirulos que ¿ahora se eliminan?
Las pantallas son caras, son inaccesibles para pequeños anunciantes, consumen energía, generan contaminación lumínica, homogeneizan el mensaje y eliminan la diversidad. Las quejas populares pueden multiplicarse a las que seguro, mucha veces por desinformación; pueden generar los pirulos. Nada es perfecto. Todo tiene su margen de error. Pero quizás para muchos, substituyendo unos por otros que sigo sin entender que esto pudiera ser así, y se pase «de Guatemala a Guatepeor»; como dice el refrán popular.
Las columnas, en cambio son baratas, son democráticas, son ecológicas, son diversas, son parte del barrio y son parte de la historia.
Lo que se pierde cuando se retira una columna

Cuando desaparece un pirulo, no se pierde solo un soporte publicitario. Se pierde un espacio de cultura accesible, un punto de información comunitaria, un lugar donde los vecinos descubren actividades, un soporte para artistas emergentes, un recurso para pequeñas empresas, un trabajo directo para diseñadores, impresores, pegadores y demás profesionales que vimos anteriormente.
Son un símbolo de la Barcelona creativa
Se pierde la Barcelona que mira a la calle, y no solo a las pantallas.
Barcelona debería poner más pirulis, no menos
Si Barcelona quiere seguir siendo una ciudad cultural con diferencias, una ciudad diversa, una ciudad creativa, una ciudad que apoya al pequeño anunciante, al artista local, a los muchos pequeños dedicados a las artes escénicas especialmente, una ciudad que respeta su historia y una ciudad que equilibra lo digital y lo humano. Que es perfcatemente combinable
Entonces la solución no es retirar columnas. La solución es instalar más.
Instalar mas como de hecho se preveyó a principios de siglo. Mil más dijeron que iban a poner…y como muchas veces en terreno político «las palabras se las llevó el viento».
Porque espacio hay. Porque demanda hay. Porque cultura hay. Porque Barcelona siempre fue una ciudad que defendió el arte y la expresión.
No dejemos que la ciudad pierda su voz
No quiero convertirme en un líder del movimiento «pro pirulo» y pro cartel de papel, pero como parte doblemente interesada, si estoy atento a posibles movimientos. Movimientos que animan como el de Col·lectiu Pirulís @pirulis_bcn . Por qué no colaborar con quien valora que las columnas de expresión libre no son un residuo del pasado. Son un símbolo de la Barcelona que muchos amamos: la Barcelona que se comunica, que crea, que anuncia, que comparte, que vive.
Retirarlos es un error. Defenderlos es un acto de amor por la ciudad.
Barcelona no necesita menos columnas. Barcelona necesita más.
Gracias por sus comentarios, todos bienvenidos, en el Facebook de Vamos.Barcelona